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Para leer en la mesa de shabat: El Príncipe Gallina

Rabí Najman de Horodonka, un discípulo del Baal Shem Tov, relataba a menudo la siguiente parábola:
"Había un príncipe que vivía con su padre y su madre, el rey y la reina, de una manera espléndida. Recibió la mejor educación y crianza. Para desilusión de sus padres, el príncipe atravesó una crisis de identidad y llegó a la conclusión que era una gallina y no un ser humano.
Al comienzo el rey y la reina pensaron que estaba bromeando. Sin embargo, tras que él dejó de unirse a ellos en la mesa real y comenzó a pasar los días y las noches en el gallinero, supieron que tenían por delante un serio problema.
No es necesario decir que el extraño comportamiento del príncipe provocó una angustia indescriptible a sus padres, y una intensa vergüenza a toda la familia real. El rey estaba dispuesto a pagar cualquier suma a la persona que pudiera curar a su hijo. Los mejores médicos y psiquiatras de la tierra vinieron y trataron, pero no lo consiguieron.
El rey ya no sabía que hacer, hasta que vino al palacio un sabio de apariencia amable. "Me ofrezco a curar al príncipe gratuitamente" declaró el hombre. "Mi única condición es que nadie interfiera con lo que yo haga".
Intrigados y desesperados, el rey y la reina estuvieron plenamente de acuerdo.
Al día siguiente el príncipe tenía compañía humana en el gallinero. Era el sabio. "¿Qué está haciendo aquí?" Preguntó el príncipe gallina.
"¿Por qué está aquí?" Replicó el hombre.
"Soy una gallina y este es un gallinero" respondió enfáticamente el príncipe.
"Yo también soy una gallina" respondió él. Y comenzó a saltar por el lugar y a comer alimento para gallinas con placer. El príncipe estaba convencido. De esta manera pasaron algunos días.
Una mañana el sabio se aproximó al príncipe. "Soy de una tierra lejana" reveló. "En mi patria las gallinas en realidad no saltan. Caminan de la misma forma que la gente común".
"¡Realmente!" Exclamó el príncipe. "Debe ser un lugar magnífico para ser gallina".
"Probemos acá" sugirió el sabio. "Caminemos".
El príncipe gallina accedió a la sugestión de su nuevo amigo.
Tras que pasaron unos días, el ahora erguido sabio sugirió al ahora erguido príncipe gallina que se trasladaran a la casa, porque en otra gran metrópolis, las gallinas no viven en gallineros, sino en palacios aptos para príncipes. Nuevamente el príncipe gallina estuvo de acuerdo.
Así continuó el proceso. Poco después el sabio convenció al príncipe gallina de que en otro gran país, las gallinas comen alimentos humanos. Entonces vinieron, se sentaron a la mesa y disfrutaron de la conversación humana. En poco tiempo el príncipe gallina, a pesar que aun sostenía que era una gallina, comenzó a conducirse como una persona normal.
Afortunadamente la mayoría de nosotros no sufre complejos de gallina. Pero hay una pregunta que nosotros mismos podemos formularnos: ¿Estoy limitando mi potencial a causa de mi auto percepción?
Fuente: Chabad.com -


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