"Señor del universo, he aquí que estoy frente a ti en la víspera del inicio de un mes nuevo, Adar, en el tiempo en que la luna blanca se renueva y el mundo se prepara para una nueva luz.
¡Oh Dios!, ayúdame a dejar atrás todas las preocupaciones, los dolores, los fracasos y las desilusiones del pasado. En mérito a los justos que han partido, por su rectitud, concédeme perdón y absolución por todo lo que he hecho mal, y permíteme comenzar de nuevo con verdad.
Que sea tu voluntad, ante ti, que el nuevo mes Adar, que es un mes nuevo de buena suerte y prosperidad, nos traiga buena suerte y bendición a mí y a todo el pueblo de Israel para bien.
Ayúdame a entrar en este nuevo mes con alegría, con una alegría que supere a la naturaleza, que mejore todas mis necesidades y me traiga todo lo que necesito.
Que sea tu voluntad que mis palabras y mi oración lleguen ante ti, oh Dios, mi roca y mi redentor. Amén.
Comparte esta oración en la víspera del inicio del mes de Adar y bendice con ella.
¡Éxito y bendición en todas las acciones de los justos! Todos los que comparten y difunden las enseñanzas de los rabinos merecen que Dios les otorgue buena suerte, alegría y grandeza".
El jasid verdadero no debe contentarse con pretender serlo ante D"s, estudiar y rezar y cuidar en todo su relación con el Todopoderoso, sino prestar atención también a los detalles y preceptos existentes entre los seres humanos.
El rabino en Israel – acostumbraba decir Rabí Baruj – no puede conformarse con el trato de preguntas acerca de lo prohibido y lo permitido, sino que debe mediar y traer paz entre los hombres, rescatar al oprimido de su opresor, y advertir vehementemente de engaños en el comercio y en negociaciones.
Una vez vino a él un judío adinerado, que era conocido como avaro y tacaño. El tal pudiente no se permitía ningún lujo y vivía una vida miserable.
Rabí Baruj le habló con reprobación: un hombre como tú, que D"s bendijo con riqueza, debe mantenerse generosamente,
Cada día tu mesa estará cubierta de carnes y pescados y manjares exquisitos, y también vino del mejor para beber durante la comida.
Después que despidió al rico-avaro, uno de los alumnos de Rabí Baruj le preguntó : Díganos, maestro, para qué echar sermones a este tacaño, acaso le tiene lástima que no come ni bebe ?
Mi compasión no es para él – respondió el sonriente Rabí Baruj – sino para los pobres que se allegan a su casa. Si él comerá la carne y el pescado y beberá el vino, y se complacerá, sabrá entonces darle a los pobres por lo menos el pan duro. Ahora, cuando él mismo se contenta con pan y sal y sardinas, qué pueden estos pobres desgraciados esperar de él…


















