El Rab. Yosef Bittón comparte en este informe como tuvo contacto en su juventud con un sobreviviente del holocausto y lo que dejó en su corazón.
"Corría aproximadamente 1977 y en la Escuela Talpiot, Buenos Aires, Argentina, se proyectó un film real el cual había sido filmado por los mismos nazis. Luego un hombre se dirigió a nosotros, los estudiantes y contó que había perdido a sus padres, hermanos y demás seres queridos y como pudo escapar de Auschwitz".
""Ustedes no han vivido la Shoá personalmente, gracias a D"s. Pienso, temo, que quizás para ustedes la Shoá pueda algún día convertirse solo en un capítulo más de la historia judía moderna. Una historia que quizás pueda ser refutada, cuestionada o negada por nuestros enemigos. Y por eso quiero que entiendan que el esfuerzo de nuestros enemigos por negar la historia es el primer paso para intentar repetirla. Y ustedes nunca pueden permitir que eso suceda. No alcanza con 'aprender' sobre el Holocausto. Ustedes tienen que ser testigos de la Shoá. Todos ustedes. ¿Por qué? Porque la historia se puede negar y los documentos pueden ser cuestionados. Los únicos que podrán proteger la memoria de la Shoá son los testigos de la Shoá. Hoy, han escuchado mi historia. Y también me han visto. Y han visto mis ojos… Ahora ustedes cargan sobre sus jóvenes hombros una nueva y tremenda responsabilidad. Hoy, ustedes se han convertido en testigos presenciales de la Shoá. ¿Cómo? Les voy a explicar. Mis ojos vieron la Shoá. No la vieron en blanco y negro. Mis ojos vieron el verde oscuro de los uniformes nazis, el gris metálico de sus fusiles, los dientes amenazantes de sus perros ovejeros y el rojo de la sangre de nuestros seres queridos. Mis ojos vieron la muerte en todos sus horribles colores. Mis ojos vieron un tipo de horror que mis palabras no pueden describir. Y ahora quiero que ustedes miren mis ojos. Para que desde hoy puedan decirle a los demás, y para que algún día le cuenten a sus hijos: 'Yo no he visto la Shoá. Pero mis ojos han visto a los ojos que vieron la Shoá. Y ahora, hijo mío, mira mis ojos y conviértete en un testigo más'.""
"Al terminar de hablar, arremangó su camisa e invitó a los presentes a que contemplaran su número de prisionero. Yo me obligué a mirar sus ojos: pequeños, grises, tristes, fatigados y apagados, algo vacío y ausente en esa mirada. Les faltaba "vida". Allí me di cuenta de que en los cansados ojos de ese anciano, había presenciado un reflejo, o una pequeña y oscura sombra del horror de la Shoá. Y desde entonces me convertí en un testigo. La Shoá se convirtió en parte de mi experiencia personal. Y con el tiempo me di cuenta de que yo también era un sobreviviente."
Fuente: Halajá of the day- Rab. Yosef Bittón.



















