Hay un "solo" Día de la Mujer en el Judaísmo?

Gran parte de la sociedad todavía no tiene claro los conceptos, y recién hace unos años en Pekín (China) la conferencia internacional de la mujer se debatió sobre el papel que ocupa en la sociedad.
Pero, en realidad, ya participaron hace más de 3.000 años en una conferencia exclusiva para mujeres, cuando les fue entregada la revelación divina. Primero, El Creador reunió a las mujeres y les reveló su función en la vida. Después de esta convocatoria, El Creador también entregó su palabra – la Torá – al resto de la humanidad.
D’s les dijo a las mujeres en privado, antes de encomendar la Torá a todo el pueblo: “Hijas mías, ustedes son las únicas en quien puedo confiar para transmitir al mundo mi mensaje. Vuestras características y cualidades son imprescindibles para la continuidad de la tradición. Sólo aquel a quien el amor, la ternura y el espíritu de entrega y dedicación son inherentes a su ser, puede ser garante de que mi mensaje sea eterno”.
La mujer es símbolo de la fertilidad física, pero también de la continuidad espiritual. Los valores tan sagrados y sublimes que el altísimo nos ha revelado, los conceptos morales y éticos que guían o deberían guiar al mundo, existen hasta hoy gracias a las mujeres, quienes fueron fieles y leales a su misión y esencia.
La mujer fue elegida para velar por la continuidad, para formar nuevas generaciones, nuevos hombres y mujeres, no al azar, sino porque sus características son adecuadas para esa función. La mujer es sinónimo de brindarse.
Según el relato bíblico, puede explicarse que la existencia de la mujer se debe a que el ser humano original del génesis, hermafrodita, cedió parte de sí mismo, y como consecuencia nació la mujer, un ser con un enorme sentimiento de gratitud hacia la raza humana. El amor es inherente a la mujer. Ella es el espíritu del mundo y el hombre la materia. La materia sin el espíritu se desintegra.
Por eso dijeron nuestros sabios: “Gracias a las mujeres, que comprenden y ejercen su función con dignidad, la salvación llega al mundo”. Sobre las mujeres, dice nuestra tradición, todo lo que ha creado el Señor en la mujer es todo perfecto y no posee ningún vicio. El hogar donde no hay una mujer yace sin alegría, bendición, buenaventura, tradición, orden y paz. La bendición del hogar depende de la mujer.
La historia del nacimiento del pueblo judío se caracteriza por un predominante protagonismo  femenino. Entre los capítulos fundacionales de la nación hebrea, sólo uno lleva el nombre de los fundadores, y no se eligió el nombre de uno de los patriarcas, sino el de la primera matriarca de Israel, Sara. El capitulo se llama Jaie Sara – La Vida de Sara. Al comenzar, se relata el fallecimiento de la primera matriarca del pueblo judío, el dolor de su esposo, Abraham, y los detalles de su entierro. Todo el comienzo se centra en la desaparición física de Sara, ningún capítulo bíblico es dedicado en honor a los patriarcas.
En la segunda parte de ese capítulo, la historia vuelve a girar alrededor de una mujer, Rivka, la segunda matriarca hebrea. En el mismo se relata la búsqueda de la novia para Isaac, hijo de Abraham, y los méritos y virtudes de Rivka, que le valieron su relación con él, y los detalles del encuentro con su prometido.
La tercera y última parte del capítulo también centra su atención en otra mujer, Keturá, conocida también como Hagar, la mujer que tomó Abraham tras la muerte de Sara. Se relata el enlace de Abraham con ella y se enumeran los hijos que tuvieron.
Este es un capítulo en el que la mujer es la protagonista, la imagen central y preponderante, hecho que pone de manifiesto claramente la posición de la mujer en el judaísmo. En la fundación del pueblo judío, la mujer tiene un papel igual o más imprescindible que el del hombre.
El pueblo no puede quedar sin mujer. Al morir Sara, de inmediato se debe buscar a una reemplazante que sepa brindar la fuerza, el amor y el espíritu que sólo una mujer puede brindar a una familia, a un pueblo.
El mito de que la mujer está relegada en el judaísmo no es más que una excusa de aquellos que buscan  motivos para liberarse de una doctrina que llaman anticuada. Estos adjudican al judaísmo todos los antiguos errores de la humanidad, como la privación de la mujer de sus derechos, que, en realidad, no tiene ninguna conexión con el judaísmo, sino con aquellos hombres que estaban desconectados del judaísmo.
Mientras todas las naciones de la antigüedad prohibían el gobierno, la voz y el voto de las mujeres, en Israel existían mujeres profetizas, reinas y jueces como Ruth, Esther, Débora y otros tantos ejemplos.
Muchas veces se escucha la tradicional protesta fundamentada en la ignorancia sobre la ubicación secundaria que se fija para las mujeres en la sinagoga, pretendiendo con esto demostrar que el judaísmo discrimina a la mujer, olvidando o ignorando lo antes mencionado.
El hombre y la mujer no poseen el mismo espíritu, ya en la creación se simboliza esta diferencia cuando se relata que el origen del ser humano fue la tierra, mientras que el origen primitivo  de la mujer fue un elemento más refinado y desarrollado, el cuerpo del ser humano, una sustancia que ya contenía en su esencia el espíritu dotado por El Creador, a diferencia del polvo de la tierra, que era inherente sin vida, aliento ni alma.
El espíritu y el sentimiento femenino, atraído por naturaleza a los instintos terrenales, es más refinado que el masculino. De allí surge la invención de la sinagoga, concepto totalmente extraño a la Biblia, que, en realidad, fue una necesidad del pueblo judío que se adoptó para concentrar y congregar a los hombres, y para estar y sentirse cerca de D’s ejercitando el espíritu débil del varón a través de rezos, estudios, lecturas y plegarias. Es una necesidad del hombre exclusivamente ya que no puede conectarse con D’s si no es a través de estos medios, no así la mujer, que puede mantenerse en un estado espiritual sin necesidad de rezos y ritos. El poder de abstracción en ella es más fuerte que en el  hombre creado de la tierra.
De allí entonces que la sinagoga se ha creado para los varones, por lo que colocar en esta a las mujeres a la par sería una degradación para ellas, un mensaje que no son tan elevadas como las creó D’s, estaríamos contradiciendo la creación divina simplemente para calmar la conciencia que le remuerde a la sociedad  mundial entera por haber denigrado realmente a la mujer  durante milenios, y, de esta manera, canalizar sus complejos de culpa justamente con la ideología que protegió y enalteció la figura femenina desde los comienzos mismos de la vida.
Si la mujer desea participar en los rezos, puede hacerlo, pero en un sector donde pueda ser distinguida claramente, ya que no es su lugar adecuado. Que no se difunda un falso concepto del varón y la mujer, ella no lo necesita, tiene otro lugar más sagrado y vital para el mundo: la familia.
La que requiere de más cosméticos para verse más bella es la que debe preocuparse y no la que no la necesita. La mujer no necesita de la sinagoga, se mantiene cerca de D’s sin requerir de ella  porque su espíritu es más elevado y refinado. Por eso, el pueblo no puede estar sin matriarca,   -jaie Sara-Sara es la matriarca, es la vida, la mujer es la vida, la vida del mundo.
Texto e imagen extraídos de la página de Isaac Sacca, Gran Rabino de la Asociación Comunidad Israelita Sefardí de Buenos Aires.