Comentarios de la Perashá: Bo

LA EDUCACIÓN GENUINA ES LA QUE PERDURA

La Torá nos indica que, lo relatado en esta Perashá (La Salida de Egipto), se lo transmitamos a nuestros hijos y a nuestros nietos, como está escrito: "... para que lo cuentes en los oídos de tu hijo y en los del hijo de tu hijo" (Shemot X 2).
El libro Apiryón obtiene de aquí una vital enseñanza:
Hay personas que son ellas mismas cuidadosas y observantes de las Mitzvot, pero a la hora de educar a sus hijos, siguen los "buenos consejos" de quienes opinan que no hay que presionar a los niños, y el judaísmo que les inculcan es meramente superficial, pensando que de esta manera sus hijos serán también observantes como ellos.
Craso error. Pues aun cuando después de haber recibido ese tipo de orientación, y de milagro los hijos no se alejan del judaísmo, ese sentimiento judío será mucho más débil y vulnerable que el de sus padres. Y los hijos de ellos (los nietos de quienes comenzaron a pensar de esa manera), recibirán una educación tan falta de valores judaicos, que estará completamente alejada de la filosofía de sus abuelos.
Y sobre esto dijo David Hamélej (el Rey de Israel): "Y verás a los hijos de tus hijos..." ("Uré banim lebaneja..." Tehilim CXXVIII 6). ¡Deberás ver y recapacitar sobre la imagen que mostrarás a los hijos de tus hijos! Porque si educarás a tus hijos auténticamente, también ellos lo harán con sus hijos, y entonces tendrás nietos en el Camino de la Torá y las Mitzvot. Pero si sólo le das una educación superficial, ¿qué imagen dejarás a tus descendientes?
Por eso dice el Pasuk: "... y para que lo cuentes en los oídos de tu hijo y en los del hijo de tu hijo". Debes transmitirle la Torá, no sólo a tu hijo, sino también a tu nieto.

                                                                                 (Otzar Jaim - Bo)


EL JAFETZ JAIM SE PRONUNCIA SOBRE LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS


Escribió Shelomó Hamélej: "Educa al niño de acuerdo a su naturaleza, para que, aun cuando envejezcan, no se aparte de ella" (Mishlé XXII). La interpretación de dicho Pasuk es que cada padre debe encauzar a su hijo en los límites de la Torá y las Mitzvot desde temprana edad, de modo que las buenas cualidades y el cumplimiento de los preceptos formen parte de su personalidad.
Y en este punto radica la ganancia, pues aun cuando llegue a la ancianidad, no le resultará difícil mantener esas virtudes ni cumplir las Mitzvot, por haberse acostumbrado a esta conducta desde pequeño. Y cuando el padre disminuya la intensidad de su nivel educativo, no debe pensar que eso sólo provocará una debilitación momentánea, sino que la falta resentirá la formación del niño para siempre. Y cuando quiera recuperar lo perdido, le resultará muy difícil, por no estar habituado a aquella buena cualidad que no le inculcó, o que le inculcó indebidamente. Tendrá que acostumbrar a su hijo empezando desde cero. Más aún: primero deberá desarraigarlo de las malas artes adquiridas, tarea más que dura. Y el padre deberá saber que también las cualidades y buena conducta que él mismo observa, son el resultado del esfuerzo de su propio padre, cuando lo educó desde pequeño en ese camino.
La persona se debe esforzar y esmerar de sobremanera para que sus hijos reciban una educación basada en la pureza de la Torá y las Mítzvot, de la misma manera que fueron educados nuestros antepasados, cuando desde muy pequeños aprendían Jumash (Pentateuco) con la explicación de Rash"í, y por mediación de ellos salieron todos los judíos fieles a Hashem y a Su Torá.
La única y verdadera forma de inculcar de raíz la Fe en Hshem y Su Torá en el hijo, y que sea éste temeroso del Cielo y observante de las Mitzvot, es que el padre hable con él permanentemente y que le explique que hay un Gan Eden (Paraíso) destinado a los siervos del Eterno y los que cuidan Sus Preceptos, y que la satisfacción que se siente en el Gan Eden es perpetua" y verdadera, e imposible de describirla con palabras. Y también hay que explicarle que existe el Guehinam (Infierno), que es el lugar donde la persona expía sus pecados.
También hay que habituar al hijo a que escuche los relatos que figuran en el Talmud, pues a través de ellos temerá y conocerá la Grandeza del Creador, además de contener palabras y temas que se introducen en lo más profundo del alma del niño, encontrando en esos relatos una gran variedad de virtudes y buenos modales, de los cuales escogerá los que más se adapten a su personalidad.

                                                                                          (Séfer Bet Israel)

FUENTE : Hamaor Tomo 1.