Comentarios de la Perashá: TETZAVÉ

A USTEDES, MUY ESPECIALMENTE

Escuchen, mujeres, que las cuide Hashem: Cada una y una de ustedes está obligada a vigilar y proteger a sus hijos en todo lo que puedan, advirtiéndoles que se cuiden de no arruinar sus vidas al dejarse llevar por las malas compañías.
También deben ver que no dejen de decir las Berajot (Bendiciones) al comer o beber, así como procurar que siempre digan todas sus Tefilot (Rezos). Y no se priven de esto, pues el que así se acostumbra desde pequeño, seguirá en este camino aún siendo anciano.
Pero de manera muy especial, deben poner atención en las palabras que éstos pronuncien, para que no saquen de sus bocas nada inadecuado. Que no hablen en tono de burla, ni groserías, ni se acostumbren a jurar, etc. Y ocúpense de su correcta educación enseñándoles sus obligaciones espirituales, reprochándoles, si es necesario, sin pasar nada por alto.
En los últimos tiempos, aparecieron ciertas mujeres que acostumbran a insultar a sus hijos pretendiendo educarlos de esa manera, o cuando los niños les hacen perder la paciencia. Éste es un grave pecado y está totalmente prohibido hacerlo. Si la mujer supiera qué daño tan grande provoca con esta acción, ni siquiera se le ocurriría hacerlo. Pues hay ciertos Malajim (ángeles) en el Cielo, que toman cada palabra y palabra, y la realizan tal cual fue pronunciada.
Y el Creador Misericordioso, se apiada de Sus criaturas y los protege de las malas lenguas. Aun así es necesario tener mucho cuidado, pues el Satán acecha, a la espera de una boca descuidada. Por lo tanto, no debe tomarse tan a la ligera el tema de las maldiciones o los insultos, pues puede llegar a perjudicar después de días o años, en los parientes o en los hijos, como encontramos con la maldición de Abimélej a Sará, que influenció en Yitzjak; y en otros lugares del Tanaj.
Una mujer tenía un hijo muy enfermo. Fue visitada por uno de los grandes Jajamim, y ella, en medio de un llanto desconsolado, le imploró que eleve sus plegarias a Hashem para que se apiade de ella y de su hijo. El Jajam, sabiendo cuál fue la causa de la enfermedad del niño, le dijo a la mujer: "Hija mía: lamento decirte que tú, una mujer tan respetable, fuiste la que provocó la situación en la que tu hijo se encuentra". "¿Cómo es posible Rabí, que usted haya dicho esto? (dijo desesperada la mujer) ¡Es mi único hijo! ¡Lo que más quiero en mi vida! ¿De qué manera pude yo, con mis manos, haberle provocado tanto mal?" El Jajam le respondió: "Recuerda solo dos ralabras que le dijiste, maldiciéndolo, hace un par de años atrás. El efecto de las palabras quedó guardado, y hoy llegó el momento de salir a la luz..."
La mujer, presa de una terrible angustia, quedó convertida en semejante mar de lágrimas de arrepentimiento, que hizo que la posterior Tefilá del Jajam haya sido escuchada por Hashem y curado finalmente a su querido hijo.
Por eso, cada mujer y mujer debe cuidar su lengua de pronunciar palabras amargas y oscuras, ya sea para protegerse a sí misma, como a sus hijos y a todos los que la rodean.
Y sobre esto, ya lo dijo el Sabio Shelomó Hamélej:
"El que cuida su boca y su lengua, se cuida de los sufrimientos de la vida". (Mishlé XX I 23)

                                             (Extraído del libro: "Juké HaNashim" 7-10)