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Comentando la Perashá: Tzaría

El yehudí siempre vuelve al nido

"Y al octavo día (de nacido, el niño) será circuncidado..." (Vayikrá XII 3). El Berit Mtlá (la Circuncisión) es mencionado en el principio de esta Perashá. A continuación, veremos un suceso relacionado al tema, el cual nos dejará una importante enseñanza.
El Gaón (eminente) Rab Jaim Berlín, Rabino Jefe da la Comunidad Judía de Moscú de principios de este siglo, era el hijo de gran "Netzib de Voloyin". Sus últimos años residió en Éretz Israel, precisamente en la ciudad de Yerushalaim.
Cada Shabat, era él quien leía el Séfer Torá en el Bet Hamidrash (Casa de Estudios de Torá), y lo hacía con tanta emoción, belleza y exactitud, que muchos asistían especialmente a ese lugar, sólo para escucharlo.
En el Shabat que caía dentro de los días de Jol Hamoed de Pésaj, se congregaba gran cantidad de gente, para escuchar cómo Rab Jaim Berlin leía el Libro de "Shir Hashirim" dentro de la Meguilá (rollo de pergamino), como acostumbran hacerlo las Comunidades de origen Ashkenazí. Como siempre, su lectura era agradable y perfecta, y cuando llegaba al Pasuk (versículo) que decía: "He aquí que tú eres bella, mi compañera. He aquí que tienes bellos ojos, como las palomas...", alzaba aún más su voz, y no podía reprimir las lágrimas de tanta emoción.
El Tzadik Rabí Arieh Levin, que era alumno dilecto de Rab Jaim Berlin, se animó a preguntarle una vez cuál era el motivo de su exaltación cada vez que pronunciaba aquel Pasuk, que hasta le arrancaba gruesas lágrimas de sus ojos. "Te voy a contar lo sucedido, y con eso tendrás la respuesta", le dijo Rab Jaim a Rab Arieh. Y procedió a relatarle lo siguiente:
Cuando yo ejercía como Rab en Moscú, llegó conmigo un Yehudí que me pidió hablarme en privado porque necesitaba revelarme un secreto. Entramos a un cuarto, y ahí me dijo:
- Mi esposa acaba de dar a luz a un niño, y quisiera invitarlo al Berit Milá...
- ¡Mazal Tov! - exclamé. Y añadí: - Y ...¿Cuál es el secreto?
- Sucede que yo vivo en un barrio donde viven solamente goyim - comenzó a contarme -. Mi trabajo consiste en proveer todos los elementos de la religión de ellos, y si se enteran que yo soy Yehudí, me quedaría sin Parnasá (sustento). Eso, si salgo vivo de allí... Por eso, yo le pido un consejo a usted, para que me diga cómo puedo hacer para circuncidar a mi hijo sin que nadie se dé cuenta.
Por supuesto que en una situación como ésta, no había ninguna posibilidad de hacer un Berit Milá con todos los detalles ceremoniales, y con la perfección que pretendemos en casos normales. Por eso lo primero que le dije es que yo me ofrecía a ser el Sandak (el que sostiene al niño en el momento del Berit Milá), y que él se quede a mi lado (en este caso seríamos solo dos personas los que asistiríamos al Berit). El hombre me respondió que él es muy impresionable, y no podría observar al niño mientras lo están circuncidando.
Le hice varias preguntas acerca de su vida y su situación: Adónde vive; cómo es su casa, etc.
- Ante todo - le indiqué -, tienes que despedir inmediatamente a todos los que trabajan en tu casa. Luego, tú sabes que en esta ciudad hay un médico cirujano judío , tan experimentado y famoso que hasta los no judíos lo llaman. Pues bien: Lo citarás para que en el octavo día también él esté presente en tu casa, y nadie sospechará nada raro, pues aquien te pregunte, le dirás que tu hijo tiene un pequeño defecto físico, y llamaste al médico para que lo cure. El médico será el Sandak, y yo el Mohel. Después, el doctor podrá visitarte varias veces, "para revisar la operación" de tu hijo, y todo acabará sin ningún problema.
Llegó el día, y realizamos el Berit Milá como lo habíamos planeado; todo salió bien, Baruj Hashem (Bendito D-os). Cuando me despedí de él, le pedí que me vuelva a visitar al tercer día, para que me diga cómo evoluciona el niño de su intervención.
Cuando llegó conmigo, le revelé la verdadera intención de mi pedido: Quise saber qué fue lo que lo llevó acumplir la Mitzvá (el precepto) de hacerle Berit Mtlá a su hijo con tanto arrojo, y hasta poniendo su vida en peligro.
Cuando escuchó mi pregunta, prorrumpió en un amargo llanto, y con palabras entrecortadas, me dijo:
- Yo sé, Rabi, que me he alejado demasiado del Camino Correcto. Muchas veces me sumo en la depresión, porque reconozco mi penosa situación, pero quién sabe si algún día pudiera retornar a mis orígenes, aunque sé que un Yehudí nunca debe bajar los brazos y siempre debe mantener la esperanza de encontrarse con Su Creador - dicho esto, ya su voz quedó ahogada en gemidos.
Después de unos instantes, continuó:
- Pensé, entonces, que mi hijo estará en una situación mucho peor que la mía. Porque yo, al menos, tuve en mi infancia una somera educación tradicional, pero él no tendrá la más mínima idea de lo que es ser judío. Sin embargo, cuando crezca, es probable que se despierte en él el sentimiento de retornar a sus raíces, y quiera ser un Yehudí observante. Y no quiero ser yo quien se lo impida, pues si no le hago el Berit Milá, eso podría suceder. Por eso he tomado la decisión de arriesgar mi vida y la de él, con tal de que en el día de mañana tenga las puertas abiertas para entrar al Camino de la Torá...
El Gaón Rab Jaim Berlin llegó al fin del relato, y se puso a llorar a la par del padre del niño. Luego agregó:
- Con este suceso, pude entender mejor lo que está escrito acerca del Pasuk que dice: "He aquí que tú eres bella, mi compañera. He aquí que tú tienes bellos ojos, como las palomas". Es sabido que todo lo que está escrito en el Shir Hashirim es alegórico: El "Amado" es Hashem, y "la bella amada" es el Am Israel. En este Pasuk, está mencionada dos veces la expresión que alude a la belleza del Am Israel. Nuestros Jajamim interpretaron que Hashem considera al Yehudí como una "persona bella" antes de pecar, y también después de haber pecado. Esta explicación de los Jajamim no se ajusta a la lógica: Está bien que un Yehudí sea una "persona bella" antes de pecar. Pero, ¿qué belleza puede tener después de haber pecado? La respuesta la obtendremos si analizamos bien las últimas palabras del Pasuk, que dice que el Yehudí tiene "ojos bellos como las palomas". La paloma tiene la característica de que nunca se aleja demasiado de su nido; ella puede recorrer largas distancias, pero siempre su nido estará al alcance de su vista, para poder retornar a él cuando lo necesite...
"Y ésa es la similitud del Yehudí con la paloma - concluyó Rab Jaim Berlin -: Se llama "bella persona" antes de pecar, porque está limpia de faltas. Pero también se llama "bella persona" después de haber pecado.
Porque nunca se aleja tanto de su nido, y siempre trata de que esté al alcance de sus ojos, para que algún día le permita retornar al Camino Correcto. Ya vimos lo que hizo el padre del niño del relato, quien no dudó en arriesgar su vida, vislumbrando un futuro en que su hijo retomará el sendero que él abandonó. Por eso me emociono tanto al leer ese Pasuk del Shir Hashirim...

                                                            (Yalkut Jamishaí - Tazría)


 
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