Comentando la Perashá: Ajaré- Kedoshim

El más importante de los tres socios

"El hombre, a su madre y a su padre, temerá (respetará), y a Mis Shabatot (plural de Shabat) cuidaréis. Yo Soy Hshem" (Vayíkrá XIX 3).
Está escrito en la Guemará (Maséjet Yebamot 5:) respecto a este Pasuk (versículo): ¿Podríamos pensar que la Mítzvá (el precepto) de la obediencia al padre y a la madre es más importante que cuidar Shabat? La respuesta es no. Y eso lo sabemos de lo que está escrito: "Un hombre, a su madre y a su padre temerá. Y a Mis Shabatot cuidaréis" Porque todos (la persona, su padre y su madre), están obligados a obedecer a Hshem. (Se aprende de aquí que siempre hay que obedecer a los padres, pero si éstos pretendieran obligarle a transgredir las Leyes de la Torá al hijo, éste no debe hacerles caso. Y hay que aclarar que, aún cuando no hay que obedecerles, el honor, el respeto y la veneración a los padres, debe mantenerse como siempre).
Para entender mejor lo establecido por la Guemará, citaremos una parábola que fue escrita por Rabí Yaacob MiDubna, que vivió hace unos doscientos años.
En una ciudad habían tres amigos, que tomaron la decisión de irse lejos a estudiar ciencias que puedan proporcionarle un bien a la humanidad. Cada uno de ellos se dirigió a un lugar especial, para aprender algo diferente a lo de sus otros compañeros, y al cabo de unos años, se encontraron en la ciudad de origen, para que entre los tres complementen sus conocimientos y habilidades.
- Yo he descubierto la manera de observar, a través de esta pantalla, lo que ocurre a muchos kilómetros de distancia de aquí.
Sus compañeros se quedaron asombrados. El segundo dijo:
- Con mis estudios, inventé un vehículo que me permite trasladarme hasta distancias enormes, en muy poco tiempo, ahorrándome días y meses de largos viajes.
- ¡Oh! - exclamó el tercero. Y agregó: - Bueno. A ver qué les parece lo mío: Yo he creado una medicina maravillosa, capaz de curar toda clase de males que hasta hoy no tenían solución.
Entusiasmados con el resultado de sus estudios, se dispusieron a poner en práctica los conocimientos.
El primero tomó su pantalla, y vio que en la ciudad capital, que estaba muy lejos de allí, reinaba la angustia y la desesperación: La hija del rey había contraído una grave enfermedad, y todos los médicos decían que sus horas estaban contadas.
- ¡Debemos ir allí inmediatamente! - indicó el segundo - ¡Voy a preparar mi vehículo para que en unas horas lleguemos, y tratemos de curar a la princesa!
Así lo hicieron. Mediante el rapidísimo medio de transporte, se presentaron frente al rey luego de un rato.
El tercer amigo, le ofreció al rey la medicina para su hija, y cuando ésta la tomó, se recuperó enseguida hasta curarse totalmente.
La alegría reinaba en toda la ciudad, y el nombre de los tres amigos creció entre todos los que se habían enterado de lo que había sucedido.
Luego de los festejos, el rey se dirigió a los tres amigos, y les dijo:
- ¿Qué puedo hacer por ustedes? ¡Si les abro mis tesoros para que se lo lleven, sería poco en relación al pago que les corresponde! Por lo tanto, he pensado que el mejor premio sería darles a mi hija como esposa. Pero ella no puede casarse con los tres, sino con sólo uno de ustedes. ¿Quién de ustedes tres cree que sería el mejor esposo para ella?
Cuando escucharon esto, se pusieron cada uno a exponer sus argumentos.
- Yo creo - dijo el primero - que si no fuera por mí, no estaríamos aquí. Porque gracias a mi pantalla vimos lo que ocurría en esta ciudad. De no ser por ello, ni nos hubiéramos enterado, y la princesa no se habría salvado.
- Sí, pero de qué sirve enterarse, si no puede uno venir inmediatamente - expuso el segundo -. Con mi vehículo, llegamos aquí justo a tiempo, pues si veníamos en condiciones normales, después de semanas, no hubiésemos encontrado viva a la princesa.
El tercer amigo se quedó callado. Y en su lugar, la princesa pidió la palabra y dijo:
- Es cierto que ustedes dos hicieron mucho para que yo esté ahora con vida, y sin la participación de cualquiera de los dos, no me hubiese salvado. Pero eso ya pasó. Ahora yo tengo que elegir un marido que me acompañe en el futuro, para toda la vida. ¿Para qué me serviría una pantalla que me permita ver lo que ocurre en el otro lado del mundo? Y al vehículo rápido, ¿qué utilidad le daría? Por consiguiente, me conviene casarme con el que posee la medicina, porque cuando me enferme otra vez, lo tendría a la mano y me daría la curación que necesito.
Éste es el ejemplo. La moraleja es la siguiente:
Figura en la Guemará (Maséjet Kídushin 30:) que en la creación de la persona participan tres socios: Hshem, el padre, y la madre. ¿A quién hay que respetar más? En realidad, sin la participación de alguno de ellos, el ser humano no hubiese venido al mundo de manera natural, por lo que le corresponde a los tres el respeto y el honor por partes iguales.
Pero eso ya corresponde al pasado. Una vez que la persona está en este mundo, ya no necesita tanto de sus padres, sino, más que nada, de Hshem, que es el que le proveerá el sustento, la salud, la vida. Y por eso Hashem es el más importante de los tres, principalmente porque los otros dos "socios" también necesitan de Él.
Ahora se entiende mejor lo que se expuso al principio: Al padre y a la madre se los venera, se los respeta, se los honra, se los ama incondicionalmente. Pero a la hora de obedecerles, hay una excepción: Si los padres quisieran que el hijo se aparte de los postulados de la Torá, el hijo deberá elegir el camino correcto, ya que esa es la Voluntad de Hshem. Y todo eso es "porque todos (la persona, su padre y su madre), están obligados a obedecer al Creador del Mundo".

                                                             (Mishlé Yaacob - Kedoshím)