Para leer en la mesa de Shabat: ¡Me robé el Afikomán!

Hola, soy Lea. No sé cómo se da este tema con ustedes, pero lo que es entre nosotros, robar el afikomán siempre es un problema difícil de resolver. 
Udi, por ejemplo, me contó que su abuelo esconde muchos afikomanim, tantos como nietos tiene, así cada uno sale a encontrar el suyo. Pero mi abuelo, siempre escondíó uno solo y yo llegué a encontrarlo una sola vez. 
Sucedió así: Desde que había empezado el seder no le quité los ojos de encima a mi abuelo, siguiéndole sus movimientos para ver por dónde se metía. El año anterior lo escondió debajo del mantel. Shajar fue quien lo encontró, recibió a cambio una pelota de fútbol. Hace dos años, lo había escondido entre las hojas de la Hagadá. Yael fue quien lo encontró esa vez, y recibió a cambio un libro con dibujos para colorear. ¿Y este año? Espié por debajo de la mesa para asegurarme de que no le esté pasando el afikomán a la abuela, Shajar buscó debajo del mantel y Yael dio vuelta todas las hojas de la Hagadá. No encontramos nada. Nos pusimos a reptar por el piso revisando cada fisura que había en la pared, y nada, no había nada… Shajar sugirió que podría estar pegado debajo de la tabla de la mesa, mientras que a Yael se le había ocurrido que podría estar adentro de los zapatos del abuelo. De repente me sobrevino una gran claridad respecto de dónde podría estar: me di cuenta de que el abuelo tenía puesto un sombrero encima de su kipá. Entonces le dije así: Abuelo, ¿Podrías por favor sacarte el sombrero de la cabeza por un momentito? - El abuelo sonrió y se lo sacó. Fue muy gracioso ver a un judío respetable con barba blanca y sobre su kipá un pedacito de matzá… ¡Era el afikomán! La imagen del abuelo con el afikomán sobre su cabeza me dio tanta risa, tanta que hasta me olvidé de pedirle el regalo que quería a cambio. Pero, después de todo... ¿Acaso es eso lo más importante?
Fuente: Relatos de Pesaj, autora Lea Naor.