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Para Leer en la Mesa de Shabat

Hijos Tzadikim gracias al mérito de los padres 

Aparte del empeño que deben poner los padres para educar correctamente a sus hijos, también es necesario que, cada vez que se presente la ocasión de una Mitzvá, no la desperdicien y la cumplan a como dé lugar (esto sin contar las Mitzvot que se deben cumplir por estar obligados a hacerlo). Porque muchas veces, a causa de una sola Mitzvá que se lleva a cabo de todo corazón, es posible merecer engendrar un hijo Tzadik que ilumine a todo el mundo.
Y eso es precisamente lo que ocurrió con uno de los personajes más grandes del Am Israel en toda su historia, que iluminó al mundo con su Torá: Rash"í. Su padre tuvo el privilegio de traerlo al mundo merced a una Mitzvá que no dejó escapar, como lo veremos a continuación.
Rabí ltzjak poseía una piedra preciosa de gran valor. Muchos quisieron tenerla, ofreciéndole importantes sumas para comprársela. ¡Mil dinares de oro! Pero Rabí ltzjak rehusó siempre de deshacerse de ella. Abrigaba la esperanza de que, cuando se reconstruya el Bet Hamikdash, la destinaría para embellecerlo en donde se necesite.
Rabí ltzjak y su esposa, que ya llevaban varios años sin haber podido tener un hijo, se trasladaron a la ciudad alemana de Worms, donde se había establecido una importante comunidad judía desde años atrás.
En ese país sólo habían dos piedras que podían rivalizar con la suya: eran las que hacían las veces de los dos ojos del ídolo que ostentaba el monarca en su palacio. Tiempo después de haber arribado Rabí ltzjak a Worms, se difundió la noticia de que una de las piedras se había perdido. El emperador no se resignó a que su ídolo tenga en su rostro un solo ojo, por lo que envió emisarios a toda su comarca para localizar un diamante que sirva para reemplazarlo. Les llegó la noticia de que en la ciudad de Worms vivía un judío que tenía una piedra que respondía a los requisitos del emperador.
Muy contentos llegaron los emisarios a la casa de Rabí ltzjak, y una vez frente a él le ofrecieron una cantidad de dinero nada despreciable a cambio de la piedra. Grande fue la sorpresa cuando escucharon que el judío manifestó invacilante que "la piedra no está a la venta". Rabí ltzjak soñaba con que su piedra brille en el Bet Hamikdash... i¿Y ahora formará parte de un ídolo?! Cuando se dieron cuenta de que "por las buenas" no podían conseguirla, comenzaron con las amenazas, frente a las que Rabí ltzjak tampoco cedió.
- Te llevaremos junto a nuestro emperador - le advirtieron sus súbditos – y ya sabes lo que te espera después de eso...
Estoy listo para partir con ustedes - declaró Rabí ltzjak -, pero mi decisión es irrevocable.
Mientras el barco navegaba por el río hacia la ciudad imperial, Rabí ltzjak comenzó a debater con uno de los viajeros no judíos. En la conversación, le contó lo sucedido con su diamante, y que lo llevaban para obligarlo a venderlo.
- A ver, a ver. Muéstremelo - le pidió el viajero.
- B...bueno. Pero si lo cuidas bien, ¿eh? - le advirtió temeroso Rabí ltzjak.
- ¡Te juro que sí! Confía en mí - aseguró el otro.
Sacó Rabí ltzjak el diamante y se lo colocó en la palma de la mano del no judío. El brillo resultaba casi encandilante. El hombre quedó extasiado observándola.
Ese instante de distracción fue aprovechado por Rabí ltzjak para simular querer recuperar la piedra, y se la arrebató violentamente. Y... ¡Oh, sorpresa! ¡La piedra cayó en el agua y se hundió en las profundidades...!
Rabí ltzjak cayó al suelo y golpeando sobre su pecho, comenzó a llorar desconsoladamente
- ¡Ay de mí! ¡Que hice! - exclamaba - ¡En un instante perdí todo lo que tenía!
Aun cuando todos los tripulantes del barco llegaron a consolarlo, no cesó su amargo llanto. Los que también estaban lamentándose eran los enviados del emperador, quienes cuando llegaron con su monarca, le contaron sobre la "suerte nefasta" de aquel judío, que no sólo no recibió nada a cambio de su piedra, sino que se quedó sin dinero siquiera para regresar. El emperador se apiadó de Rabí ltzjak y le proporcionó la suma que le permitiese regresar a su casa en Worms.
En su segundo viaje en barco, ya liberado de sus opresores, alzó Rabí ltzjak su vista al Cielo, y agradeció a Hshem el haber tenido un instante de astucia para que su piedra no vaya a servir al final como un vehículo de idolatría.
Una vez en su hogar, se le apareció Eliahu Hanabí (El Profeta) a Rabí ltzjak en sueños.
- Tú te deshiciste de un diamante valioso con tal de cumplir la Voluntad de Tu Creador - fueron las palabras de Eliahu Hanabí -. Debes saberlo: Dentro de un año, como recompensa a tu arrojo, tendrás un hijo que brillará aún más que el diamante que perdiste, y su luz alumbrará a todo el mundo, por el correr de las generaciones...
Y efectivamente, al cabo de un año, su esposa dio a luz a un niño que lo llamaron Shelomó. Éste no fue otro que Rabí Shelomó ltzjaki, más conocido como Rash"í, quien con su sabiduría aclaró los ojos de todo el Am Israel mediante sus comentarios sobre la Torá y el Talmud. Y nadie, hasta hoy, igualó su monumental obra, que cada día cobra mayor vigencia.
De este extraordinario suceso podemos ver qué grande es la fuerza de una Mitzvá, y qué inmensa categoría posee quien escapa de los pecados, hasta el punto de merecer por ello que su hijo sea Gaón (Eminente) y Tzadik. Por eso, la persona no debe desdeñar ninguna Mitzvá, aunque ésta parezca insignificante. Porque la mente humana no puede medir el valor de cada uno de los Mandamientos Divinos, como está escrito en Pirké Abot (II 2): "Debes perseguir (el cumplimiento de) una Mitzvá, tanto si ésta te parezca importante como intrascendente; porque tú no conoces el pago que puedas recibir por ella".

                                                       ( Rash"í Ubaalé Hatosafot 31)

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