Para leer en la mesa de shabat: El mensaje

En un aislado pueblo de Irak, los habitantes judíos se mostraban insatisfechos con sus burros. No había uno que alcanzara a caminar más de tres kilómetros, sin caer agotado de cansancio.
Aparentemente eran sanos y fuertes, pero carecían de resistencia y energía. Ni siquiera, mostrándoles un atado de zanahorias, ni aún el látigo, lograban inspirar en ellos un paso adelante.
Reubén; uno de los Iehudím, necesitaba hacer un viaje a otro país cercano, por asuntos comerciales, uno de sus vecinos, Shimón, pidió a éste que le enviará un burro de ese otro país, porque había oído que allí los burros eran más resistentes y pueden andar muchos kilómetros, sin señal de agotamiento
Dos semanas después, llegó a la casa de Shimón, una bolsa de cebada con una nota de Reubén. Los felájin (campesinos) judíos se reunieron para ver el contenido de la bolsa, y Iosef expresó a Shimón el primer pensamiento que pasó por su cabeza: “No solamente que no te mandó el burro, sino que quiere burlarse de ti y te mandó una bolsa de cebada en vez de un burro. Aquí nosotros, no sembramos cebada”.
“Espera”, dijo Shimón, levantando su mano. “Yo pienso que él no quiere burlarse de nosotros; simplemente quiere explicar porque no mandó un burro”,
“Cómo? No entendemos lo que tú dices”.
Shimón señaló a Iosef y dijo: “Lo que tú has dicho es exacto. Nosotros no sembramos cebada aquí. Pues ahí está la clave. En otros países los burros comen cebada, y es por eso que son más resistentes. Nosotros damos de comer a nuestros burros arista, sin valor nutritivo. Reubén está tratando de explicar, que no debemos cambiar los burros, sino su alimentación.

Nota de redacción: “A veces pensamos que D”s no nos da lo que pedimos sin darnos cuenta que por otro lado nos está indicando como debemos conseguirlo. Todos los mejores consejos se encuentran en nuestra Torá”.