Para leer en la mesa de shabat: Las enseñanzas del rabí.

Esta historia tuvo lugar en el siglo XIX, en un pueblito ruso, durante un invierno duro, tan duro que los pobres sufrían más que de costumbre. Para ir en busca de ayuda a lo del único judío rico del “Shtetl”(del poblado), hombre famoso por su avaricia.
El rabí eligió una de las noches más frías. Golpeó la puerta y el ricachón mismo salió a abrirle.Posiblemente fuese la única persona del poblado que en una noche así solo vestía una camisa, tan calefaccionada estaba su casa.-Entre,rebe, en casa va a estar más abrigado-invitó a pasar al rabino. 
-No, no vale la pena, es sólo un minuto-respondió el rabí y entabló con el hombre una larga conversación preguntándole calmosamente por cada uno de los miembros de su familia, mientras el hombre tiritaba y sus dientes le castañeteaban ante la puerta abierta. 
A cada momento volvía a rogarle al rabí que entrara, pero éste persistía en su negativa. 
-¿Y cómo le va al primo de su cuñado, que dejó la ciudad? seguía el rabí. 
El hombre estaba azul y ya no soportaba más el frío, de modo que preguntó finalmente:
-Y dígame, rebe ¿Cuál es el motivo de su visita?
-Vine a pedirle dinero para comprar carbón para los pobres del Shtetl. 
-Bien, y ¿Por qué no entra y hablamos al calor del hogar?
-Es que si yo entro a su casa vamos a sentarnos al lado de la chimenea y a disfrutar del calor,y cuando yo le explique que los pobres sufren de frío,usted no va a entenderlo y me va a dar cinco rublos o tal vez diez.
Pero en cambio ahora, que desde hace un largo rato usted siente el frío en sus propios huesos, si yo le digo que los pobres sufren frío va a comprenderlo mejor...¿No es cierto?
El hombre le dio cien rublos al rabí y se sintió feliz de poder cerrar su puerta y volver a sentarse al lado de su chimenea.

Fuente: Rudy-Eliahu Toker, “La felicidad no es todo en la vida y otros chistes judíos”