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Rabí Moshé Leib de Sasov salió en cierta oportunidad a recorrer diferentes aldeas y pueblos para recolectar fondos para Tzedaká, pero no tuvo éxito en su cometido. " Si no consigo reunir el dinero necesario sólo tengo en mi poder Bitul Torá (dejar de lado el estudio de la Torá)." se dijo a sí mismo y decidió regresar a su hogar.
En ese instante escuchó sobre un judío que estaba en la cárcel por haber robado. El rabino hizo lo imposible para liberarlo, y cuando finalmente lo logró, le dijo al iehudí:
Ya ves, te atraparon, fuiste golpeado y casi te condenan a años de prisión, deja pues de robar!"
El ladrón se sonrió y le dijo: " Acaso porque una vez fallé no debo volver a intentarlo?"
Al escuchar esto Rabí Moshé Leib se dijo: " Si este hombre no se amedrenta de los insultos y del arresto, y tiene claro que debe volver a intentarlo, por qué yo dejaré de esforzarme?" No volvió a su casa y siguió su viaje hasta reunir todos los fondos necesarios.
 
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Una vez, viajaba una persona por el camino llevando algunas gallinas. Cuando ya fue muy pesado para él seguir cargándolas, se sentó al lado de la puerta de la casa de Rabí Janina ben Dosa y dejo allí a las gallinas.
Le dijo entonces: “dejaré aquí las gallinas por algunas horas e iré a comprar algo para comer, luego volveré a buscarlas”. Se fue el hombre al negocio a comprar cosas y se olvido de sus gallinas. Durante el camino se acordó de las gallinas, mas no lograba recordar dónde las había dejado, entristeciéndose mucho a causa de ello.
Mientras tanto, las gallinas se sintieron hambrientas y comenzaron a cacarear.
Escuchó la esposa de Rabí Janina el cacareo de las gallinas y preguntó cómo habían llegado a su patio. Se acercó a la entrada de su casa y vio que habían gallinas cuyos pies estaban atados con sogas.
Fue a lo de su esposo y le contó acerca de aquel hecho.
Él le dijo entonces: de seguro que alguien las dejó aquí y no se acuerda adónde las dejó. Cuidémoslas hasta que venga el dueño a pedirlas nuevamente.
La mujer desparramo semillas para que se alimenten y colocó agua para que puedan tomar. Ellas comenzaron a dar huevos y así comenzaron a nacer pollitos. Crecieron los pollitos y se transformaron en gallinas, hasta que el patio se llenó de gallinas.
Vio Rabí Janina que era muy difícil para él mantener tantas gallinas pues era una persona muy pobre (además del hecho que ensuciaban la casa y su continuo cacareo era muy molesto). Decidió pues venderlas y comprar con dicho dinero algunas cabras, pues estas eran capaces de ir a pastar solas al bosque y también regresar solas de allí. Luego de varios años, el hombre que había perdido a las gallinas pasó por la ciudad de Rabí Janina y por su casa y se acordó que allí había dejado a sus gallinas. Se acercó a Rabí Janina y le contó la historia, y Rabí Janina le preguntó: ¿Te acuerdas del color de las plumas y de que color era la soga con que las ataste?
El señor le dijo: eran marrones las gallinas y las até con un hilo rojo. Rabí Janina, al ver que efectivamente se encontraba ante el dueño de las gallinas, lo llevó al establo y le mostró las cabras, contándole lo que había hecho.
Le devolvió sus cabras y el hombre regreso feliz a su hogar.
Fuente: Cuentos Judíos Inspiradores. Mashuah. Recopilación del Rabino Richard Kaufman.



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Un día, un sabio le preguntó a sus seguidores lo siguiente: ¿Por qué la gente grita cuando está enojada? Los hombres pensaron unos momentos y uno contestó: Porque perdemos la calma, por eso gritamos.
Le dijo entonces el sabio: pero, ¿por qué gritar cuando la otra persona se encuentra físicamente a tu lado?¿No es posible acaso hablarle en voz baja?¿Por qué entonces le gritamos a la gente cuando estamos enojados?
Los hombres dieron algunas otras respuestas pero ninguna de ellas satisfacía las expectativas del sabio.
Finalmente él les explicó: Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar para poder escucharse. Mientras más enojados están, más fuerte tendrán que gritar, para así poder escucharse bien la una a la otra.
Luego el sabio les preguntó: ¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran? Ellos no se gritan sino que se hablan suavemente.¿A qué se debe esto? A que sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellas es muy pequeña.
Continuó el sabio preguntando: ¿Y cuando se enamoran más aún, qué sucede pues? Directamente ya no se hablan, solamente se susurran cosas la una a la otra y se vuelven más cercanas a través de su amor.
Y finalmente … Llega un momento en que ya ni siquiera se necesitan susurrar; y únicamente se miran y eso es todo. Así sucede cuando dos personas verdaderamente se aman …
Finalmente el sabio les dijo: cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no se digan palabras fuertes que los distancien más aún; pues puede ser que llegue el día en que la distancia sea tan grande que ya no serán capaces de encontrar el camino de regreso … Sobre esto dijeron nuestras fuentes: “las palabras de los sabios con suavidad son escuchadas”.


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Según las investigaciones que se dieron a conocer en el 70º aniversario, Ana Frank falleció el 12 de marzo de 1945. Anheléis Marie Frank Hollander nació en Frankfurt, Alemania, en 1929, pero como muchas otras familias judías, debió abandonar el país junto a sus padres y su hermana mayor cuando el brote del nazismo atentaba directamente contra  su vida.
El destino elegido fue Ámsterdam, Holanda, sin embargo la suerte tampoco estaría del lado de los Frank dado que la expansión europea del antisemitismo llegaría rápidamente a los países bajos.
Una simple decisión tomada por Otto y Edith, padres de Ana, devendría inesperadamente en uno de los más reconocidos documentos escritos sobre la vida durante el holocausto.
Hacía años que la niña lo esperaba, pero el tan ansiado diario íntimo le llegó para su cumpleaños número 13.
Ese diario sería su arma más fuerte para soportar los dos años que debió vivir en el Achterhuis un anexo a su casa al cual se accedía a través de una puerta escondida detrás de una estantería.
Periódicamente, el miedo a vivir escondida,  sus sentimientos por Peter, hijo de los Van Pels, otra familia que compartía el encierro con los Frank, y los conflictos con sus padres eran representados en su diario.
Cuando en 1944 la milicia holandesa encontró el refugio, ordenó el inmediato arresto y la deportación de cada uno de los 8 miembros que vivían allí. La suerte de cada uno fue diferente. Luego de su paso por Westerbork, y por Auschwitz, las mujeres fueron llevadas al campo de concentración de Bergen-Beisen. La madre de Ana fue exterminada en una cámara de gas. Margot, hermana de Ana, murió al desvanecerse y golpearse fuertemente la cabeza. Y Ana, apenas un mes antes del levantamiento del campo, falleció de Tifus, enfermedad que se cobró la vida de más de 17.000 prisioneros.
Una sola persona logró sobrevivir del grupo inicial de los 8, el padre de Ana. Otto regresó a Ámsterdam y con el tiempo fue informado de la muerte de toda su familia y compañeros de refugio. Dos holandeses que habían sido sus protectores durante los años de encierro, Miep Gies y Bep Voskujil, le entregaron el diario de Ana que habían logrado rescatar una vez que la policía los deportó.
El diario fue publicado finalmente en Holanda en 1947 bajo el título Het Achterhuis (La casa de atrás). En abril de 1955 apareció la primera traducción en español bajo el título Las habitaciones de atrás. Cuatros años después, el director estadounidense George Stevens la llevaría al cine bajo el título El diario de Ana Frank. Desde su publicación el libro fue reimpreso en reiteradas ocasiones y traducido en 70 idiomas.
Hoy, el sitio donde nacieron los escritos de Ana Frank, la famosa casa de la calle Prinsengracht frente al canal de Singel es un museo que puede ser visitado y, que entre otros objetos de valor, cuenta con algunas páginas del diario original escrito por la entre los 13 y los 15 años.

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Un rabino que recolectaba fondos para una Ieshivá llamó a un hombre rico que era conocido como miserable.
"No tiene sentido que usted me pida" aconsejó. "No doy donaciones a Ieshivot".
"No vine por una donación", disparó el rabino. "Vine a cumplir la mitzvá de Bikur Jolim, visitar a los enfermos".
"Pero yo estoy completamente sano", afirmó el miserable, no comprendiendo la afirmación del rabino.
"No, tú no lo estás", insistió el rabino con calma. "Salomón enseña en Eclesiastés (5:12): 'Hay una grave enfermedad que he visto: la riqueza que es guardada en detrimento de su propietario'. Puesto que atesoras tu riqueza, realmente sufres de una enfermedad, así que vine a verte".
"¿No hay otras personas enfermas?", preguntó asombrado el miserable. "¿Por qué me has escogido para visitarme?"
"Por qué" sonrió satisfecho el rabino. "El Talmud dice que quienquiera que visita a una persona enferma se lleva un sexagésimo de su enfermedad. ¿Qué puedo esperar si me voy con un sexagésimo del mal de algún otro? Nada, sólo 'tzarot' (problemas). Pero si me voy con un sexagésimo de su enfermedad, ¡verdaderamente me hará muy bien!"
Fuente: Abraham J. Twerski-Jabad.com
 
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Los pecados contra e Eterno, si se arrepiente, le son perdonadsos, pero los pecados contra el prójimo, el Eterno no perdona, salvo que pida perdón al que dañó.
Rabí Iosí Hacohen dió un ejemplo al respecto:"Una persona pidió un préstamo a otra y juró por la vida del rey, en su misma presencia, que lo devolvería en una fecha establecida. Cuando llegó dicha fecha y como no podía devolver el préstamos, corrió a ver al rey le pidió misericordia.
El rey le respondió: "Te perdono el haber jurado por mi vida, pero en cuanto a la deuda, tienes que arreglarte con el damnificado"
Fuente: Tratado Rosh Hashana, 17.


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Un jasid rico del Rebe Maharash de Lubavitch, invariablemente pedía su bendición para realizar sus negocios, y gracias a D"s, siempre tenía éxito.
Una vez acudió explicando que deseaba invertir en la fabricación de cerveza y solicitaba su aprobación. El Rebe le respondió negativamente. Cuando el jasid salió de su audiencia privada decidió que el Rebe no era un entendido en la materia y abrió la fábrica de cerveza. Por supuesto, el negocio fracasó. 

El hombre vino compungido a lo del Rebe. 
El Maharash le dijo: "Existen 4 tipos de jasidim que explican por qué deben apoyarse en el consejo del Rebe"
1) El Rebe es profeta, y sus consejos son profecía. Por lo tanto, son verídicos.
2) El Rebe no es profeta, pero tiene Ruaj Hakodesh (inspiración Divina) y por ello es posible confiar en ellos.
3) No se trata de profecía ni Ruaj HaKodesh, sino que el Rebe es un gran Tzadik (justo) y la Torá es su profesión, y por ello se ajusta a la verdad.
4) No se trata de piedad, sino que el Rebe es muy inteligente y lo consultan grandes comerciantes. Por esta razón, sabe qué es conveniente y qué no y vale la pena confiarle.
Y terminó el Rebe Maharash: "Sea un profeta, posea Ruaj HaKodesh, sea un Tzadik, o entendido en comercio, no debías haber invertido en ello".

Fuente: Jabad.org

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